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Las redes sociales y la madre que las parió: ¿sabemos (queremos) usarlas correctamente?

Puoi leggere questo articolo in italiano qui.


Odio las redes sociales.

Tengo mejores cosas que hacer.

Pero las adoro.
¡Puedo hacer tantas cosas!

¿En qué quedamos?


MEA
CULPA

Si estáis leyendo esto, es probable que hayáis llegado al artículo desde un enlace de Facebook, Twitter o Google+.

Miradme a los ojos y decidme que nunca habéis pasado una mañana perdiendo mucho (MUCHO) tiempo navegando sin rumbo por Facebook.

Con una mano en el ratón y la otra sujetando la barbilla mientras lucimos nuestra cara más bobalicona.

O saltando de un tweet a otro, con la cabeza en otro lado, buscando uno que os sacie. Y que no llega nunca.

Y luego, al ver cómo se quema el tiempo, nos entran los remordimientos. Pero la sesión nos ha dejado tan aplatanados que no conseguimos mover ni un dedo, y ahí se nos va la mañana.

Lo peor es que sabemos que puede volver a pasarnos pronto.
Es más, es muy probable que mañana volvamos a hacer lo mismo.


¿PERO
QUÉ ME DAS?

Un estudio realizado en 2013 indica que cada uno de nosotros consume una media de 285 artículos diarios en estas plataformas. Que vienen a ser:

54.000 palabras (dos novelas enteras)
7,5 horas de vídeo (cinco pelis)
– Hasta 1.000 enlaces (un dedo índice nuevo)

¿Cómorl? Para poder procesar toda esta información, nos harían falta más de DOCE HORAS AL DÍA.

Por suerte, nuestro cerebro ha aprendido a filtrar lo que nos interesa y lo que no. Pero la mera actividad de filtrar nos deja exhaustos, como demuestra el que después no tengamos la mínima gana de ponernos a trabajar.

NI TANTO, NI TAN CALVO

Las herramientas sociales son, en principio, útiles para:

  • mantener el contacto con amigos
  • estar al día de la actualidad
  • promover nuestro negocio
  • buscar jamonas
  • conocer gente con gustos similares a los nuestros

Son tan inmediatas que no necesitamos ningún manual para empezar a usarlas, pero ¡ojo!, tanta accesibilidad es una espada de doble filo.

Las redes no poseen una guía en el sentido clásico, alguien que nos lleve de la manita para enseñarnos cómo hacerlo bien al principio. Que luego ya caminaremos solos.

Y esto hace que la herramienta se convierta en un fin: dejamos de entrar para estar en contacto con la gente, sino para estar con la herramienta. Dejamos de decir “voy a hablar con Paquito en Facebook” y lo cambiamos por “Voy a entrar en Facebook”. Sin más. Es como coger una llave inglesa y no preguntarnos para qué la hemos sacado. ¿Tenemos algo que arreglar?

Desde luego, es aconsejable desconectar y relajar la mente, darle tiempos muertos. Pero navegar sin rumbo por las redes, sin tener nada que arreglar, no es precisamente una actividad relajante.
Ya hemos visto más arriba lo que procesamos a diario.
Es AGOTADOR.


EL PESADO QUE TODOS
LLEVAMOS DENTRO

Desaprovechamos oportunidades para relajarnos de verdad y, en lugar de ello, consultamos el correo, el WhatsApp, las actualizaciones de Facebook, los cien mil tweets compulsivos de turno. Sin que realmente nos importe, porque nada de lo que veamos va a hacer que terminemos el día mejor o peor. Algo nos dan: una sonrisa, una palmadita en la espalda; pero son completamente irrelevantes. Son estímulos que consumen nuestra energía.

Hablar, chatear con un amigo, eso sí es productivo. Nos ayuda a entender mejor a esa persona, a compenetrar. Y relaja.

Publicar sin sentido fotos, actualizaciones, y esperar que todos las lean y comenten solo porque ellos esperan que nosotros hagamos lo mismo es una locura.

Y, al final del día, no aporta absolutamente nada.

Todo se convierte en ruido, un enjambre de estímulos que nos atontan; en cuanto intentamos profundizar, se nos abalanzan otras mil fotos y actualizaciones, y levantan la mano desesperadamente para que les dediquemos otro miserable segundo.

Vaya plan.


HABLA, CHUCHO

¿Y si, en lugar de publicar y comentar compulsivamente, nos centrásemos en simplificar el mensaje?

Antes de iniciar sesión, una pregunta:

¿Qué es lo que pretendo sacar en limpio?

Si la respuesta es “boh“, ya eres consciente de que estás perdiendo tu tiempo, pero también el de los demás.


¿Qué quiero decir a los demás? ¿Qué quiero escuchar?

Es un ejercicio mental que requiere una buena dosis de autoanálisis:

Si vemos vídeos de borrachos deslomándose, probablemente estemos buscando una sonrisa. Si entramos en el muro de un amigo, probablemente queramos hablar con él. Si escribimos que hemos pasado un día en la playa estupendo, apuesto a que deseamos compartir felicidad.

Lo malo es que normalmente, para hacerlo, damos rodeos kilométricos: mirando docenas de vídeos mediocres, repasando actualizaciones del amigo que no nos interesan o publicando docenas de fotos TODAS IGUALES. Que, por cierto, hacen que el 90% de los contactos huyan despavoridos de nuestro muro.

¿Y si nos proponemos ir al grano en la próxima sesión, concentrando el mensaje?

Si queremos hablar con alguien, mandémosle un mensaje. Entablemos conversación, sin dejar comentarios difusos aquí y allá.
Si queremos sonreír, vayamos directamente a la página que sabemos nos dará lo que queremos. Sin explorar antes los diez mil posibles.
Si queremos decir al mundo que hemos pasado un día de playa estupendo, publiquemos UNA foto, la más representativa. Como si la hubiésemos sacado con carrete. ¿Cómo elegirla? Si tuviese aún una máquina de fotos de carrete, ¿habría sacado esta foto?¿O estoy siendo el cuñado brasas con el álbum de bodas y bautizos?


EN DEFINITIVA

Son solo ejemplos; ya sé que las redes sociales están concebidas para interactuar a muchos más niveles, pero precisamente esa complejidad, ese exceso de oferta, es responsable de que hayamos perdido el rumbo. Nos estamos pasando la llave inglesa de una mano a la otra sin saber para qué la habíamos cogido.

Y luego está la cuestión del tiempo: conociéndonos, ¿qué os parece fijarnos límites con el reloj en la mano, como si de una reunión se tratase? ¿Y si abrimos la sesión y nos comprometemos a pasar solo15 minutos y ni uno más?

No se trata de reducir el tiempo en sí, sino de concentrarnos en lo que hacemos.

Está demostrado que rendimos más cuando tenemos un límite de tiempo, una fecha de caducidad.

Y hay herramientas para ayudarnos.

Si, poco a poco, creamos una pequeña disciplina, un hábito, estoy convencido de que nuestra salud digital mejorará considerablemente. Y la de todos nuestros compañeritos.




Ah, y no hay nada malo en quedarse a solas con uno mismo de vez en cuando.

¿Qué pensáis sobre ello?
¿Tenéis alguna técnica que funcione bien para centraros cuando usáis las redes sociales?

———————————–

Nota: uno de los motivos por los que escribo artículos como este es, precisamente, para aplicarme el cuento. Parece que dar forma sobre papel a estas ideas ayuda a tenerlas más presentes, y a comprometernos con más fuerza a mejorar. De aquí a poco lo veremos.

¡Ah, por cierto, que no se me olvide!

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Imágenes cortesía de Asylum Scotland y Pixabay.

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PRISMALIZE pretende compartir una serie de vivencias, reflexiones y consejos encaminados a explotar mejor nuestro potencial, vivir de acuerdo con nuestros propios ideales y sueños y, en definitiva, crear versiones mejoradas de nosotros mismos, más coherentes y satisfechas.

Para que esto sea posible y consigamos aprovechar nuestros recursos, los temas aquí expuestos representan tan solo el punto de partida para que los lectores hablen, instruyan, sugieran, compartan y, en última instancia, conecten para dar continuidad a sus pasiones.

Este proyecto se quedaría en nada sin personas que den forma concreta a las ideas que exponemos: por ello, te invito a comentar, compartir, indicar aciertos y fallos, sugerir temas… Con ello estarás ayudando a crear una comunidad muy especial, una auténtica colmena digital por y para personas como tú.

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9 comentarios en “Las redes sociales y la madre que las parió: ¿sabemos (queremos) usarlas correctamente?

  1. Gustavo dijo:

    Que perdemos el tiempo en las redes es un hecho. Que es cansado pues no sabría decirte tanto. A mi la información, sobre todo la que me llega por las redes, me hace ver el mundo al que no tengo acceso por estar en una ciudad muy pequeña, saber lo que ocurre en otras partes me puede evitar algunos problemas y aumenta mi conocimiento, ya que lo que te cuenta la tele hace mucho que no me parece mínimamente objetivo ni para deducir pinceladas de lo que pasa. Las redes en si son beneficiosas, pero para sacarles beneficio, como bien dices, utilizas mucho tiempo. Yo suelo utilizarla durante el trabajo como ratitos de ocio, llegados al hogar creo que el caso que le hago es nulo, prefiero incluso tirarme a la bartola, o sacar de paseo a las perritas, o jugar videojuegos a estar pendiente de las redes. Cierto que no era así al principio pero ahora he madurado en el asunto y dedico mi tiempo libre a otras cosas más productivas o no,pero que me apetece o me gustan más.

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    • prismalize dijo:

      En tu caso parece que la evolución ha sido positiva, y es un ejemplo ver cómo has conseguido “hacer cajitas” con la forma en la que empleas el tiempo en las redes.
      Desde luego, la función informativa está ahí, y todos deberíamos aprovecharla. El problema es el montón de ruido que la acompaña en estas redes: cada noticia viene acompañada de otras diez relacionadas, que acaparan tanto o más espacio que la principal a la que íbamos.
      Y, como bien indicas, si se trata de “perder tiempo”, es preferible tumbarse a la bartola por el simple hecho de que cumple su función: relajar. Cosa que, con la sobredosis de estímulos de cada sesión de redes, es bastante difícil de conseguir.

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  2. Lia dijo:

    I have never been a big social network user, but recently this has changed: I have started to roam the networks for longer and longer, and my time and my attention have just gone to hell. The main problem I find is that I am bombarded with tons of information and inputs that I have no time to metabolize, I just read something and pass on. Or ever worse, I start going on a tangent researching lots of other articles or things to read about something that has caught my attention, only to find myself at a dead end at some point , drop the thing and start all over again on another subject. My attention span and my capacity to concentrate have been deeply affected. I totally agree on the fact that the internet and social networks should be what they were born to be, i.e. tools. We are confusing the tool with the final product.

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    • prismalize dijo:

      There is plenty of research pointing out that out attention span has dramatically decreased in the last 10 years. I bet that social networks are accountable for 80% of such decrease.
      The bad news is that our brain is now conditioned by such stress, so we tend to apply “social network scenario conditions” to many of our daily activities.
      Good news is that our brain is still ours and can be reverse engineered and trained back to a more relaxed condition. But we must be aware that it is a new process (even though we once were what we want to be again), so the training will take time and effort. Unlearning, they call it.

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