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Gruñones sin fronteras: 4 pasos para resolver problemas y cambiar a una actitud positiva

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Todos tenemos un amigo gruñón.

Tal vez seas ese amigo.

Te encanta quejarte, y no te faltan motivos.

Por deporte o por necesidad, es culpa de los hados, nunca de uno mismo.

¿Te ves reflejado?

¡Atención, cascarrabias profesionales!

Esta es vuestra oportunidad de oro para explicarnos al resto del mundo qué os empuja a actuar así, Porque hay un buen motivo, no lo dudamos. Sigue leyendo y, como (previsiblemente) el artículo no te convencerá, puedes usar la sección de comentarios para hacernos saber cómo deberíamos tratar el asunto.

Y aquí sí, sin gota de sarcasmo: ayúdanos a entenderlo para verlo con tus ojos, es la única manera de buscar una solución.

NO VEO SALIDA

El trabajo con ese jefe tocapelotas. Los compañeros ingratos.

La falta de espacio en casa. LA FALTA DE TIEMPO. Para todo.

Las prisas, los nervios, la mala suerte, el complejo de Cenicienta, el sueldo bajo, el sueldo inexistente, la gente que no entiende nada de nada, con lo preparado que yo estoy, la letra del piso, el atasco diario, con las ganas que tengo de comerme el mundo, con lo que yo valgo. Sé cómo arreglarlo, PERO…

La madre que me parió.

¿Ves la lista de arriba? ¿A que agobia? Pues es tan solo una parte de las listas mentales que nos solemos crear cuando estamos en ese estado de ánimo, con el “modo gruñón” activado.

Y quiero que sepas que escribo estas reflexiones porque soy el primero en sufrirlas. Más a menudo de lo que desearía. Más a menudo de lo que cualquiera alrededor mío desearía. Así que este artículo debería funcionar como una pequeña sesión de “Avinagrados Anónimos”, y ayudarme tanto o más que a ti a entender cómo funcionan estos mecanismos.

Para evitar llegar a esa fase en la que todo se ve torcido.

Todo son problemas.

Porque, mágicamente, cuando estamos en ese estado y no vemos nada más que contrariedades, adivina: la lista sigue creciendo. Todo lo que vemos alrededor representa un problema en potencia, así que es natural que alguno se convierta en realidad.

Si llevo ya un buen rato en un atasco mañanero, y estoy casi deseando enfadarme (sí, no mires raro) porque alguien haga una pirula, ten por seguro que aparecerá alguno para darme la razón.

Actúo como un imán para las desgracias cuando pienso así. ¿Cómo es esto posible? Fácil: entro en la modalidad que llamo “total, ya se ha jodido el día” (TOJODÍA) y, haciendo cualquier cosa con desgana, es natural que me salga mal y provoque otra situación que aumente mi monólogo de gruñidos.

En estos casos, entramos en un bucle. Y lo malo es que arrastramos a cualquiera que nos pille cerca, aunque no tenga que ver con nuestro problema. Un daño colateral de la modalidad TOJODÍA.

Y normalmente ni nos planteamos cómo le sienta a esa persona oírnos así.

DOBLEMENTE CANSADO. AH, E INÚTIL

¡Claro! A todos nos gusta tener cerca a personas que no hacen otra cosa que quejarse de lo mal que les va, de lo cruel que es el mundo con ellos.

Nos llena de energía y nos anima a conversar con ellos y a afrontar mejor el día.

Momento.


¿Quieres saber un secreto? Solo a los gruñones les gusta escuchar a otros gruñones, porque alimentan su necesidad de sacar a relucir su montaña de problemas.

Y adivina: ¿qué posibilidades hay de que otro gruñón resuelva nuestros problemas¿ ¿De que nos sugiera una forma útil de afrontarlos?

Las mismas posibilidades de que nosotros ayudemos a alguien cuando estamos así.

CERO.

Para despertar en una persona las ganas de echarnos una mano, tenemos que hacerle ver que queremos cambiar la situación, no solo quejarnos de ella. Y esto es un matiz muy, muy importante. ¿Cómo lo conseguimos?

QUIERO CAMBIAR, PERO
¿
POR DÓNDE EMPIEZO?


La modalidad TOJODÍA puede ser algo pasajero, el clásico día torcido; pero también puede convertirse en un peligroso esquema mental recurrente que modifique la forma de ver todo lo que nos rodea, y limitarnos GRAVEMENTE en nuestra vida y nuestras relaciones. Y convertirnos en el cascarrabias crónico del que todo el mundo se aleja a largo plazo (otro motivo para que se queje, por cierto).

En realidad, debajo de esa capa de pesimismo podemos ver, a menudo, una cierta voluntad de cambiar las cosas a mejor. Pero, como veíamos antes, el peso de los problemas, ya sea real o percibido, tiene las de ganar y se ha hecho fuerte con el tiempo, aplastando sin piedad cualquier intento de sacar la cabeza del búnker.

NOTA IMPORTANTE: cada uno somos un mundo y tenemos una forma distinta de afrontar los problemas. Aquí cuento lo que me suele funcionar a mí, viendo que a otras personas les ha funcionado también, pero obviamente no es una fórmula universal. Si fuera así, estarían creando un Nobel de Problemología solo para mí. Pero por algún sitio hay que empezar y, como decía al principio del artículo, puedes usar la sección de Comentarios para contrastar mis impresiones y crecer juntos, que de eso se trata en Prismalize.

Para salir de esta modalidad, y evitar caer de nuevo, al menos por los mismos motivos, se pasa por cuatro fases:

  1. Dejar de quejarse.
  2. Ver el problema con otros ojos
  3. Admitir las propias carencias.
  4. Asumir responsabilidad.

1. DEJAR DE QUEJARSE

¡Paren los motores, que ha aparecido el lumbreras! Por tópico que suene, es el paso más importante. Tenemos que concienciarnos de que, quejándonos, estamos tirando por el retrete una cantidad de energía y tiempo alucinante. Energía y tiempo que podemos emplear en hacer cualquier otra cosa. Incluso estar callados es más productivo, porque al menos no espantamos a la solución como al despotricar.

Cuando dejas de fumar, cada cigarrillo que evitas no volverá aunque recaigas; ya con el simple esfuerzo estás ganando en salud, salga como salga la batalla.

Con las quejas es exactamente igual. Cada queja inútil que no pronuncies solo para desahogarte no volverá, y te ayudará a templarte para afrontar mejor el lío en lugar de perderte en maldiciones y discursos a saco roto.

Así que piensa en lo que ganas con cada lamento y, si no te sabes responder de forma creíble, quédatelo, majo.

2. VER EL PROBLEMA CON OTROS OJOS

Ahora que hemos sacado rato y fuerzas para reflexionar, y sabiendo que no ganamos nada con solo quejarnos, piensa en el problema. Sin centrarte en la sensación que te provoca. Solo en el problema, aíslalo. Y piensa en cómo lo afronta la gente a la que parece no afectarle aunque lo sufra igual que tú. Y, coñorecórcholis, piensa en cómo lo ha afrontado la gente que ya ha resuelto ese mismo problema estando en tu situación, que algo sacaremos en limpio.

A veces nos encontramos con un problema objetivo, duro y real; aquí, el modo en que nos enfrentamos a él lo cambia todo.

Si no tenemos dinero para salir, para independizarnos o para crear un proyecto, quejarnos y estar todo el día de mal humor no hará que nos empiecen a llover billetes.

Pero si somos capaces de pararnos y hacer cuentas, estaremos pensando ya de forma positiva, hacia un modo de procurarnos un importe concreto. ¿Para qué me hace falta? ¿Cuánto gano? ¿Cuánto me falta? ¿Cuánto me HACE falta? Esto es acercarse a la solución.

3. ADMITIR LAS PROPIAS CARENCIAS

Resolver un problema implica normalmente habernos dado varios cabezazos contra una misma pared. Hasta que nos damos cuenta que el problema no es la pared, sino que estamos intentando abrirla con la cabeza.

El problema va a seguir ahí, pero si hasta ahora no lo hemos conseguido resolver de una cierta forma, es necesario cambiar de estrategia. Si la cuestión implica a otra persona, háblalo con ella. El problema es también suyo, sobre todo si te oye quejarte constantemente, así que es la principal interesada, junto a ti, en resolverlo. Y admitirlo no te va a hacer más débil, sino todo lo contrario. Este mismo artículo es la prueba, piénsalo bien.

Admite que no sabes cómo afrontar el problema correctamente y disponte a escuchar otras formas de verlo que no te van a gustar (si no, no te causarían ese mal humor). Y piensa en que no tienes porqué resolver la raíz del problema, sino la forma en la que te enfrentas a él para que no te suponga una fuente de ardor estomacal.

4. ASUMIR RESPONSABILIDAD

La clave de todo. Gruñir es muy cómodo, porque señalamos con el dedo siempre a otros, y evitamos confesar que no sabemos cómo resolver una situación. Al principio odiamos admitirlo, pero es así.

En el momento en que dejamos de quejarnos y pasamos a explicar, a analizar, entendemos el problema de verdad y por qué no hemos sido capaces de resolverlo hasta hoy. Estamos levantando la cabeza. Y entendemos que el desaguisado no lo van a resolver por nosotros, sino que tenemos que dar nosotros el primer paso, sea de quien sea la culpa. No es moralina, es simple sentido común, porque seremos los primeros en salir beneficiados cuando se resuelva el problema.

Si entendemos esto, quiere decir que hemos despejado la mente lo suficiente como para pensar en soluciones. Y esto es un logro soberbio, teniendo en cuenta cómo estábamos en la Fase 1.

Las personas que consiguen alcanzar esta fase consiguen resolver problemas con una eficacia alucinante. Y no sabéis la energía que da ver a gente así cerca de ti. Te dan ganas de ayudarles, de ayudarte a ti mismo y a todo el que se ponga de por medio. El efecto opuesto al que provocan los gruñones. Modo Superman activado.


Los problemas no se resuelven eructándolos, sino tomando acciones concretas para resolverlos. Pequeñas, grandes, pero acciones, no quejas.

Puede que esta técnica no sea universal, pero te aseguro que me ha ayudado a resolver infinidad de trabas de todo tipo. Piensa en algún problema recurrente que tengas y aplica estos pasos. ¿Puede ayudarte a ver la solución? ¿Qué más puedes aportar para mejorar el método y salir de la modalidad TOJODÍA?

–> –> ¡Ah, por cierto, que no se me olvide!

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Imágenes cortesía de Pixabay, Wikia y walidhassanein

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4 comentarios en “Gruñones sin fronteras: 4 pasos para resolver problemas y cambiar a una actitud positiva

  1. Alvaro dijo:

    Yo lo combato con de dos maneras diferentes. Hay mil opciones para que me moleste en un momento dado una persona. La manera 1 es fiarme del instinto y decirlo a la cara y segun cómo transcurran los primeros segundos de la conversación pasar a la manera 2 que es pasar olimpicamente de esa persona, o 2, como ya he dicho, pasar olimpicamente de esa persona directamente. Motivos: infinitos…. falta de respeto, educación, etc etc, formas de combatirlo, (concentración), meditar 2 segundos que puedes sacar útil de esa conversación, tanto para ti, como para la otra persona, si no hay nada, metodo 2 y a seguir con lo que estabas.

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