Sindrome del impostor profesional

7 señales de que padeces el síndrome del impostor y cómo librarte de él

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¿Qué es todo esto del síndrome del impostor? Y, para comprenderlo, por contraste, ¿qué entendemos por experto? ¿Cómo y cuándo decidimos si alguien es un experto o un impostor? ¿Te miras al espejo y crees que estás engañando al personal?

Vivimos en la era de la información y de compartir conocimientos. Podemos aprender virtualmente cualquier idioma, disciplina o técnica, y tenemos los medios necesarios para formarnos al alcance de la mano.

Esto es, sin duda, una ventaja, pero a la vez, hace que la competencia sea tremenda en cualquier sector. Prácticamente todos empezamos a formarnos desde abajo y aprendemos, poco a poco, los contenidos y herramientas que van definiendo nuestro perfil profesional, es decir, “de lo que controlamos”.

Todas las eminencias, en cualquier campo, han sido alguna vez novatos.

Todas.

Quitando a algún tertuliano, nadie nace sabido. Han pasado por todas las fases de crecimiento hasta convertirse en expertos en su tema.

Pero, en algún momento, como probablemente te haya pasado a ti, han tenido que dar el salto de los libros o de las prácticas al mundo profesional.

Y, ¡redios, qué difícil es decidir cuándo estamos listos!

Para una inmensa mayoría, antes de lanzarnos al mercado, nos asaltan las dudas sobre si seremos capaces. Nos preguntamos:

  • ¿Estoy realmente preparado?
  • ¿Voy a poder ganarme la vida de esto?
  • ¿Y quién me va a hacer caso?

Estas, y otras preguntas, son completamente naturales: son parte del proceso. Lo malo es cuando estas preguntas nos retumban en la cabeza día y noche y nos impiden lanzarnos al ruedo, e incluso hablar de nuestros planes.

El miedo
a parecer que estamos aparentando vender algo que no tenemos.

El síndrome del impostor.

Hay quien lo padece en su profesión habitual, pero sobre ello ya hay artículos disponibles muy válidos en la red. En este post me quiero centrar en la variante del síndrome que aparece cuando nos lanzamos a hacer algo nuevo, sobre todo cuando queremos convertirlo en una forma de ganarnos la vida.

Es una deformación del miedo al cambio (natural) llevada a tal extremo que nos bloquea.

Y nos roe por dentro, porque queremos dar el salto, pero no nos atrevemos.

Hay algunas señales que nos dicen a gritos que estamos padeciendo este mal. ¿Cuáles son los síntomas? ¿Te ves reflejado?

1. TE PREGUNTAS ¿DÓNDE TE ESTÁS METIENDO?

No es tu ocupación principal. Has estudiado otra cosa, o bien has trabajado durante la tira de años en un sector distinto.

Esta aventura nueva siempre te ha llamado con más fuerza pero, por circunstancias de la vida, no te has podido lanzar hasta ahora. Y, claro, la idea de dejar tu trabajo “de toda la vida” para perseguir una mera posibilidad te marea.

Con lo calentito que se está, ¿quién te manda meterte en estos jaleos, eh?

2. TE SIENTES UN NOVATO

Te dices a ti mismo que todo el mundo empieza de cero. Que la experiencia se irá ganando sobre la marcha.

Pero te da la sensación de que estás a punto de empezar una carrera de la que no te han contado todo. Que los demás tienen algo que tú no, y no sabes definir el qué.

Es, en cierto modo, como intentar escribir un Curriculum Vitae a medida para un puesto de trabajo del que no sabes todos los requisitos. ¿Y cómo vas a saberlo, si todavía no has empezado?

3. TE ATERRA LA IDEA DE METER LA PATA

Si ya de por sí eres perfeccionista, ahora que estás empezando un proyecto nuevo quieres atar todos los cabos antes de empezar.

TODOS.

Sin posibilidad de error.

Pecado mortal.

Volviendo al punto anterior, sabes que la experiencia se va adquiriendo con el tiempo y a base de ensayo y error pero, a la vez, te dices a ti mismo que no puedes cometer ninguno al arrancar, ya que la competencia es muy dura y el más mínimo fallo de primeras te condenará.

Es un tipo de incoherencia mucho más común de lo que crees: la parte de tu cerebro que dice que tienes que probar para equivocarte y aprender no quiere hablar con la parte que quiere que todo salga bien a la primera.

Pregunta inocente: ¿crees que la primera versión del sistema operativo más vendido del mundo salió al mercado sin fallos? ¿Qué habría pasado si hubiesen esperado a depurar todos los fallos en lugar de sacarlo cuando consideraron que ya estaba razonablemente maduro? ¿Tendríamos sistema operativo en casa? Aplica esto a CUALQUIER producto de éxito que encuentres en tu día a día.

4. TE DA MIEDO DECIR EN VOZ ALTA LO QUE HACES

Te has preparado a conciencia. Has practicado y, sobre el papel, tienes ya todo lo necesario para decir que te dedicas a ello. Sin embargo, cuando tus amigos y compañeros de trabajo te preguntan por ello, te refugias en la descripción de tu antiguo trabajo.

No te atreves a decir que estás cambiando.

Te da la impresión (es más, estás seguro) de que te van a mirar raro, porque ellos tienen otra imagen de ti.

Y ¿quién eres tú para decidir esa imagen, verdad?

5. TE DA VERGÜENZA PEDIR DINERO POR LO QUE HACES


  • Llevas ya un tiempo tanteando el terreno. Años, a veces.
  • Conoces el trabajo y sabes lo que te traes entre manos.
  • Has hecho algo más que “chapucillas” a conocidos y a personas que te han contactado, ofreciendo un trabajo de calidad.
  • La inmensa mayoría han quedado satisfechos, porque te lo has currado y de qué forma.
  • Más de uno te ha preguntado si te dedicas a esto a tiempo completo. Y que deberías, vamos.

Pero tú, siguiendo en el esquema mental del impostor, te dices que no estás lo suficientemente cualificado como para pedir dinero, por mucho que hayas invertido tiempo, esfuerzo y sí, dinero en prepararte. Has hecho lo mismo que cualquier profesional, pero sigues sin considerarte profesional aunque desde fuera ya lo hacen.

6. NO TIENES RED DE CONTACTOS EN EL SECTOR

Estás empezando en un sector nuevo, y empiezas a informarte sobre asociaciones, contactos profesionales, grupos de LinkedIn y Twitter… Y ves que la gente que más tiempo lleva, está conectadísima. Surgen unos cuantos nombres una y otra vez en todos los patios en los que te asomas.

Empiezas a contactar tímidamente con algunos, pero ves que va todo muy despacio, y que aún no tienes motivos de peso para llamar su atención. De vez en cuando, alguien habla contigo, pero te sientes como el padre de Nemo intentando entrar por su cuenta en la corriente.

giphy

Echando cuentas calculas que, a este ritmo, llegarás a tener un número decente de contactos y clientes hacia el 2080, cuando tus nietos hayan terminado de pagar la hipoteca…

7. TE PARECE IMPOSIBLE LLEGAR DONDE ALGUNOS HAN LLEGADO

Y, consecuencia directa del punto anterior, y un poco de todos los demás, es el pensar en cómo rábanos han hecho algunos para:

  • Saber tanto de tu tema.
  • Haber trabajado en tantos proyectos.
  • Producir tanto material.
  • Tener tantos contactos, clientes y referencias.
  • Clonarse, porque no hay otra explicación.

Ves la lista de arriba, y se hunde el optimismo con el que abrazaste la idea de empezar a hacer algo que realmente te gusta.

En fin, asumes un espíritu derrotista cuando estás dando tus primeros pasos. Intuyes, pero no quieres ver, que te falta una buena parte del pastel por destapar, pero la idea recurrente no es “ya lo iré consiguiendo”, sino “déjalo, que vas a hacer el ridículo”. ¿Te suena?

Tranquilo, es mucho más normal de lo que crees.

¿Tiene solución? DESDE LUEGO.

EL IMPOSTOR ES SOLO UNA VOCECILLA:
HAZ QUE SE CALLE

El síndrome del impostor no es nada más que un mecanismo de defensa inconsciente: tu mente, por instinto, tiene miedo al cambio, y cuando le ve los dientes al lobo, hace todo lo posible por quedarse como estaba.

No es que seas un cobarde. Es una reacción primitiva que llevamos grabada en nuestro ADN, heredera de nuestro instinto de supervivencia: si ahora me siento seguro, ¿para qué voy a arriesgarme moviéndome a otro lado?

El sentimiento puede ser muy fuerte cuando se trata de un cambio drástico (de trabajo, de país, de pareja), pero no por ello el instinto tiene la razón: a menudo, nos puede una mala pasada cuando el cambio lo hemos decidido nosotros y estamos trabajando para conseguirlo, mejorando nuestra calidad de vida. Porque, ya que cambiamos, lo hacemos para mejor, ¿no?

Para conseguir acallar esta vocecilla, y poder concentrarnos en lo que realmente importa, que es avanzar y crecer, el método es simple, pero hay que entrenarse para acostumbrarnos: ya que el miedo es instintivo, lo contrastaremos agarrándonos a hechos
concretos que nos reafirmen en la idea de que estamos siguiendo el camino adecuado.

  • ¿No sabes dónde te estás metiendo?

Recuerda que ha sido una elección personal, seguramente fruto de alguna insatisfacción que te ha hecho pensar que no podías seguir haciendo lo mismo toda la vida. Te da miedo no poder recular, pero la idea es precisamente esa, la de hacer algo mejor para no tener que recular, porque has elegido dejar la situación anterior, ¿recuerdas?

  • ¿Te sientes un novato?

¿Y quién no, a menos que no lleve media vida haciendo algo?
Lo peligroso sería sentirte demasiado seguro desde el principio: señal inequívoca de que tienes más orgullo y soberbia que sentido común. Aprender, crecer y asentarse es un proceso. Es imposible tener todas las cartas desde el principio, por muy bueno que seas. Date tiempo y persevera. Como cuando aprendes a montar en bici, llega un día en el que, sin darte cuenta, ves que ya no te cuesta montar. Tan solo hay que montar a menudo y dejarse las rodillas de vez en cuando.

  • ¿Miedo a equivocarte?

    Atrévete a preguntar a la gente que admiras, a los que están ahí arriba, cuántas veces la han liado desde que comenzaron; cuántas veces han tenido que rectificar después de meter la pata. Es parte del proceso, y aunque hoy en día tenemos acceso a más información que nunca, necesitamos experimentar y equivocarnos en primera persona para aprender correctamente.
    De niño, por mucho que te decían que no metieses los dedos en el enchufe, ¿cuándo aprendiste a no meterlos? Efectivamente, después del primer calambre. O del segundo. Así que pierde el miedo a equivocarte y, en su lugar, acostúmbrate a tener siempre un PLAN B para saber qué hacer si tu idea inicial falla. Es la única manera de convertirte en experto.
  • ¿Miedo a presentarte al mundo?

    Idea encerrada, idea muerta
    . Si no tanteas tu proyecto con gente real, ¿cómo puedes saber si va a funcionar? Ninguna idea, por genial que sea, es perfecta desde el principio, y la única manera de limarla es probándola. Muestra tu idea a gente de confianza y pide que te den su opinión de forma abierta y honesta. Si eliges bien a estas personas, sabrán ayudarte a perfilar mejor tu proyecto, eliminando errores e incongruencias que, posiblemente, hemos pasado por alto nosotros solos. Cuatro ojos ven mejor que dos. Y, así, con este feedback de confianza, perfeccionarás tu plan para cuando llegue el momento de presentarlo al gran público.
    A mí me daba bastante vergüenza al principio hablar de PRISMALIZE, porque me parecía un concepto muy vago y sobre el que no tenía suficiente formación. Sin embargo, gracias a los comentarios de todos los amigos y conocidos a los que les he ido mostrando las cartas, he ido perfilando poco a poco la propuesta, y resulta emocionante ver cómo va cobrando forma gracias no solo a mi trabajo, sino a la respuesta de todos vosotros.
  • ¿Miedo a cobrar por tu trabajo?

    Es decir, me estás diciendo que:
    • has estado empleando incontables horas de tu tiempo en formarte, estudiar, investigar y practicar tu idea;
    • probablemente, has gastado un buen dinero en comprar materiales, libros y cursos para profundizar en el tema;
    • has sacrificado tiempo libre y desplazado otros planes para convertirte en un experto
    • has ayudado a gente por amor al arte, con el objetivo de adquirir experiencia

    Y, ahora que has andado todo este camino, ¿todo este esfuerzo no vale nada? ¿Por qué? ¿Porque no tienes un diploma que lo certifique? ¿Cuántas profesiones existen no regladas? Ten bien presente una cosa: todo el tiempo y esfuerzo que has dedicado a este proyecto te hace más experto que la inmensa mayoría de la gente que hay ahí fuera. Gente dispuesta a ahorrarse la paliza de aprender, o que simplemente no tienen el tiempo o habilidad necesarios para hacer lo que tú haces, y que pagarán de buen grado por tus servicios. Si yo soy una persona negada para reparar bicicletas, pagaré de mil amores una cifra razonable para que alguien me resuelva el problema de los frenos y me evite la tortura de intentar arreglarlos con mis manitas.

  • ¿Miedo a no estar a la altura de los profesionales?

    Todos los profesionales que ahora están asentados, incluidas las superestrellas de tu sector, han empezado desde abajo, equivocándose, tanteando y escalando poco a poco. En lugar de envidiarles, aprovecha todo lo que ellos saben para aumentar tus conocimientos. Usa sus enseñanzas para trazar tu propio camino y asume con humildad, pero con determinación, que el camino es largo, pero que cada paso cuenta.
    Haz que cada movimiento, cada decisión, ya sea acertada o equivocada, cuente y te enseñe algo, y verás cómo vas creciendo y acercándote cada vez más a esa idea de “profesional” que tu subconsciente se niega a ver.

    No te fijes como meta directa el escalón más alto. Para llegar ahí, hay que subir muchos pisos y sin atajos. Sé realista y establece metas cercanas, que puedas alcanzar de verdad y que te ayuden a acercarte poco a poco a esos escalones más altos. El camino se hace poco a poco; es más, mira hacia atrás: ¿cuántos escalones has subido ya sin darte cuenta?
    Deberías estar orgulloso de lo que has conseguido, por modesto que sea, ya que hay un esfuerzo detrás.

    Recuerda, el impostor lo es de forma consciente.
    No estafas a nadie admitiendo que necesitas aprender más.
    Todos lo necesitamos, hasta esas superestrellas a las que admiras.

    Créete de verdad, al mirarte al espejo, que todo lo que has aprendido y sabes hacer tiene un enorme valor, que hay mucha gente ahí fuera que lo va a apreciar y que, en muchos casos, está dispuesta a pagar por ello.

    Ah, y recuerda una cosa muy importante: salga como salga el cambio, disfruta del proceso y del camino, porque todo lo que hayas aprendido será parte del tesoro que te llevarás de esta experiencia. Crecer y aprender es ya un éxito en sí. No te obsesiones con el resultado, que llegará si haces las cosas bien y con calma, y diviértete mientras lo persigues.

¿Te has sentido alguna vez un impostor? ¿Cómo lo has superado? Ayudadme a enriquecer el artículo con vuestras experiencias. ¡Feliz crecimiento!

–> –> ¡Ah, por cierto, que no se me olvide!

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¡Gracias de verdad y feliz crecimiento!

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